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Bodegas Domínguez Cuarta Generación: el final de un legado familiar del vino de Tacoronte

El sector vitivinícola canario despide a una de sus casas históricas. Bodegas Domínguez Cuarta Generación decidió poner fin a su actividad tras más de tres décadas embotellando vino bajo la Denominación de Origen Tacoronte-Acentejo y más de un siglo de tradición familiar vinculada a la viña.

La decisión, comunicada por la familia propietaria, llega acompañada de un proceso de liquidación de existencias que marca el epílogo de un proyecto que ha sido parte esencial del paisaje agrícola y cultural del norte de Tenerife. (liquidaciones)

Un apellido unido a la historia del municipio

La bodega recogía el testigo de José Domínguez Ramos (1845-1940), viticultor, alcalde de Tacoronte y presidente de la Diputación de Canarias. A finales del siglo XIX ya elaboraba vinos apreciados en la comarca, y ese legado fue asumido por sus bisnietos cuando en 1992 constituyeron la sociedad limitada que dio forma a la etapa moderna de la empresa.

Desde entonces, tradición y técnica convivieron en un modelo de producción familiar, limitada y basada en uva propia, bajo la supervisión de la denominación de origen creada ese mismo año.

Evolución sin perder identidad

En estas tres décadas la empresa transformó profundamente su estructura productiva. Se abandonó el sistema de medianería para pasar a una gestión directa del viñedo, se reconvirtieron parcelas al monocultivo de la vid y se modernizó la conducción de parrales hacia espalderas para facilitar el trabajo.

En bodega, el viejo lagar dio paso al estrujado mecánico, prensa neumática y depósitos de acero inoxidable con control de temperatura, además de la incorporación de maderas de roble francés, centroeuropeo y americano.

Siempre, subraya la familia, con variedades consideradas autóctonas: listán negro y blanco, negramoll, castellana negra, tintilla o baboso negro.

El resultado fueron vinos personales, de marcada tipicidad atlántica, en los que fruta y madera buscaban equilibrio y elegancia.

Por qué se cierra

La parte más dura del comunicado llega al explicar los motivos. Tras un inicio “ilusionante”, diversos factores han terminado por hacer inviable la continuidad.

Los propietarios reconocen la dificultad de compaginar su vida profesional con la viticultura, a lo que se suma una estructura empresarial limitada. A ello añaden el fuerte impacto que tuvo la pandemia sobre la restauración, principal canal de venta, y unas ayudas que consideran insuficientes para la realidad de la agricultura artesanal canaria.

La familia también apunta a la competencia derivada de determinadas políticas europeas, a la prolongada intervención pública en el sector y a la entrada de uva foránea, factores que, aseguran, han agravado la situación.

Finalmente, la edad de los integrantes del proyecto y el desgaste acumulado han terminado por inclinar la balanza hacia la retirada.

Un mensaje que invita a la reflexión

Pese a la amargura del cierre, el balance humano no es negativo. La familia afirma que la experiencia ha sido valiosa y deja una frase que resuena en todo el sector: los vinos canarios, dicen, son en muchas ocasiones más apreciados fuera de las islas y de España que en el propio mercado local.

Las últimas botellas

Mientras se formaliza el final de la actividad, la bodega mantiene la venta de vino a precios de liquidación, lo que ha generado un notable movimiento entre aficionados y coleccionistas que buscan conservar una parte de esta historia reciente del vino de Tenerife.

Con el cierre de Domínguez Cuarta Generación no desaparece solo una marca: se apaga una manera de entender la viticultura, profundamente ligada a la familia, al territorio y a la perseverancia.

últimas botellas

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