El mundo del vino vive una transformación silenciosa pero profunda. Un grupo de investigadores españoles está desarrollando una tecnología que puede cambiar para siempre la manera en que se controla la fermentación, el momento mágico en el que el mosto se convierte en vino.
La idea suena a ciencia ficción, pero es muy real: crear un “gemelo digital”, una copia virtual del vino mientras fermenta, capaz de analizar datos, aprender y ayudar a tomar decisiones casi al instante.
Quién está detrás del proyecto
La iniciativa, llamada VINPRECISE, está impulsada por el Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC) a través del Instituto de Investigaciones Marinas y el Instituto de Agroquímica y Tecnología de Alimentos. También colaboran la Universidad de Zaragoza y empresas con fuerte presencia en el sector como Bodegas Ramón Bilbao, Bodegas Roda, INCONEF y Lallemand.
El presupuesto supera los 858.000 euros y busca algo muy concreto: que la ciencia llegue de verdad a la bodega.
¿Qué problema quieren resolver?
La fermentación es una fase decisiva. De ella dependen los aromas, el sabor, la estabilidad e incluso parte del estilo del vino.
Aunque existen análisis y controles, muchas decisiones siguen basándose en la experiencia del enólogo, en su intuición y en lo que ha aprendido tras años de trabajo.
Eso es valioso, pero hoy el sector se enfrenta a nuevos retos: uvas que cambian por el clima, necesidad de reducir costes, consumidores más exigentes y mercados muy competitivos. Tener más información y tenerla antes puede marcar la diferencia.
¿Qué es exactamente un gemelo digital?
Imagina un cerebro virtual que recibe datos del depósito a cada momento. Sabe qué levaduras se están usando, cómo evoluciona el azúcar, qué compuestos aromáticos aparecen y si algo empieza a desviarse.
Con esa información, el sistema puede:
✔️ prever cómo será el resultado final
✔️ alertar de posibles problemas
✔️ recomendar ajustes para mejorar la calidad
No sustituye al enólogo, pero le da una herramienta de apoyo muchísimo más potente.
La tecnología que lo hará posible
Para que ese “cerebro” funcione, el proyecto combinará varias innovaciones.
Sensores inteligentes
Equipos capaces de medir en tiempo real sustancias clave durante la fermentación mediante técnicas avanzadas o dispositivos similares a una nariz electrónica.
Modelos matemáticos
Programas que describen cómo se comporta la fermentación según la levadura, el mosto o los nutrientes disponibles.
Inteligencia artificial
Algoritmos que aprenden de los datos acumulados y mejoran sus predicciones vendimia tras vendimia.
¿En qué notará esto el consumidor?
Aunque la tecnología esté dentro del depósito, el impacto se verá en la copa.
Se espera conseguir vinos:
- más estables,
- con perfiles aromáticos mejor definidos,
- y elaborados con procesos más eficientes y sostenibles.
Además, al poder anticipar desviaciones, se reducirá el riesgo de fallos que puedan afectar a la calidad.
Del laboratorio a la bodega
Un punto clave es que el sistema se probará en entornos cercanos a la producción real. Las bodegas participantes permitirán validar que el gemelo digital funciona fuera del laboratorio y que puede adaptarse a grandes volúmenes.
El objetivo final no es solo investigar, sino poner en manos del sector herramientas prácticas.
La tradición, la sensibilidad y la experiencia humana seguirán siendo insustituibles. Pero a partir de ahora podrían contar con un aliado nuevo: un asistente digital que observa, calcula y ayuda a decidir.
La revolución tecnológica del vino ya está en marcha. Y apenas acaba de empezar.












