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Canarias mira al enoturismo para dar más valor al vino y al paisaje vitícola

El futuro del vino canario no se juega exclusivamente dentro de la botella. El enoturismo se está convirtiendo en una herramienta estratégica para que las bodegas diversifiquen su actividad, generen nuevos ingresos y establezcan una relación más directa con los millones de visitantes que cada año llegan al Archipiélago.

El Gobierno de Canarias ha reforzado esta línea de trabajo apostando por una mayor conexión entre sector primario, turismo, gastronomía y territorio, aprovechando unas características vitivinícolas que difícilmente pueden encontrarse en otros destinos.

La estrategia fue puesta recientemente de manifiesto durante una visita a Bodegas El Lomo, en Tegueste, un proyecto que ha ido incorporando la gastronomía, el alojamiento y diferentes experiencias relacionadas con el vino a su actividad vitivinícola.

De vender una botella a ofrecer una experiencia

El planteamiento supone un cambio de perspectiva.

La visita a una bodega permite al consumidor conocer el viñedo, las variedades locales y las personas responsables de elaborar el vino. El producto deja así de percibirse únicamente como una botella para quedar relacionado con un paisaje, una historia y una experiencia vivida en el territorio.

Bodegas El Lomo representa esta evolución. Nacida a finales de los años ochenta como proyecto familiar, ha incorporado progresivamente nuevas elaboraciones, vinos de autor, series limitadas y vermuts, además de apostar por variedades autóctonas y prácticas vinculadas a la agricultura regenerativa. Desde 2017 ha reforzado también su vertiente gastronómica y enoturística.

La estrategia está apareciendo además en otras islas. El 7 de septiembre, el Gobierno canario destacó el modelo desarrollado por Bodegas Conatvs, en Fuerteventura, distinguida con el Premio de Turismo Islas Canarias 2026 a la Excelencia Turística por una propuesta que combina vitivinicultura, sostenibilidad, paisaje y experiencias turísticas.

Comprar el vino en Canarias y recibirlo en casa

Uno de los obstáculos tradicionales del enoturismo canario aparece después de la visita: conseguir que el turista pueda seguir comprando los vinos que ha descubierto cuando regresa a su lugar de residencia.

Para intentar resolverlo, Bodegas El Lomo participa en una experiencia piloto surgida de la cooperación entre GMR Canarias y el Clúster de Enoturismo de Canarias. El sistema permite que el visitante compre vino durante su estancia en la bodega y posteriormente lo reciba en su domicilio, tratando de superar parte de las dificultades logísticas y fiscales asociadas a la insularidad.

La iniciativa tiene especial importancia porque transforma una visita turística puntual en una posible relación comercial de mayor duración.

Una producción que necesita generar mayor valor

El impulso del enoturismo coincide con un momento complejo para el viñedo canario.

En 2025 se produjeron en las Islas 3,52 millones de litros de vino bajo DOP, frente a 5,07 millones en 2024 y 7,85 millones en 2023. Esto supone una reducción del 30 % respecto al año anterior y del 55 % frente a 2023.

Las perspectivas para la vendimia de 2026 son más favorables después de un invierno más húmedo y moderado, aunque permanecen desafíos como la sequía en determinadas zonas, el relevo generacional y el seguimiento de la filoxera detectada en Tenerife en 2025.

En este escenario, generar más valor por cada botella y diversificar las fuentes de ingresos adquiere especial importancia.

Vino, estrellas y territorio

Canarias cuenta además con posibilidades para desarrollar propuestas difíciles de replicar en otras regiones.

Una de ellas es el enoastroturismo, que combina la visita al viñedo y la cata con la observación de unos cielos reconocidos internacionalmente por su calidad.

Las primeras Jornadas de Enoastroturismo celebradas en julio reunieron a bodegas, empresas de experiencias, plataformas de reservas, administraciones y entidades científicas para analizar cómo convertir esta combinación de cielo, vino y territorio en un producto turístico profesional y comercializable.

Competir desde la singularidad

El vino canario parte de una realidad evidente: su capacidad productiva es pequeña frente a las grandes regiones vitivinícolas españolas y europeas.

Pero precisamente ahí puede encontrarse una de sus fortalezas.

Viñedos volcánicos, variedades autóctonas, cepas de pie franco, sistemas tradicionales de conducción, paisajes singulares, gastronomía local y unas condiciones naturales excepcionales proporcionan argumentos suficientes para construir experiencias enoturísticas con una fuerte identidad.

El reto consiste en conseguir que quien visite Canarias no solo conozca sus vinos durante sus vacaciones, sino que recuerde el territorio a través de ellos y continúe buscándolos cuando regrese a casa.

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