El enoturismo en Canarias ha dejado atrás su etapa inicial para situarse en un momento de madurez clave. Ya no se trata únicamente de visitar bodegas, sino de comprender el vino como una puerta de entrada al paisaje, la cultura, la historia y la economía local. Así lo defiende Gabriel Santos García, coordinador general de la Cátedra de Agroturismo y Enoturismo de Canarias, en un análisis que invita a reflexionar sobre el presente y el futuro de este segmento estratégico para el archipiélago
De actividad complementaria a herramienta estratégica
Durante años, el enoturismo fue percibido como un añadido a la oferta turística tradicional. Hoy, sin embargo, se consolida como una alternativa necesaria en un territorio que supera los veinte millones de visitantes anuales y afronta los retos de la masificación y la presión sobre el paisaje. Frente a este escenario, el agro-enoturismo emerge como una vía para diversificar la economía, redistribuir flujos turísticos y generar valor añadido, dignificando al mismo tiempo el sector primario y el medio rural.
El vino deja así de ser un complemento para convertirse en eje vertebrador de experiencias que conectan al visitante con el territorio y sus comunidades.
El conocimiento como motor del cambio
Uno de los elementos diferenciales del modelo canario es el papel de la universidad. Desde la Universidad de La Laguna, la Cátedra ha impulsado un enfoque basado en la transferencia real de conocimiento, creando un flujo constante entre el ámbito académico y el empresarial. No se trata solo de investigar, sino de responder a las necesidades concretas del sector con formación útil, aplicada y alineada con la realidad del mercado.
Este modelo bidireccional se refuerza con la creación de un ecosistema colaborativo en el que bodegas, empresas turísticas, administraciones públicas y universidad trabajan de forma coordinada. Un espacio donde la innovación, la profesionalización y la cooperación se convierten en herramientas clave para avanzar.
Reconocer el enoturismo como segmento con identidad propia
Uno de los grandes retos de los próximos años es el reconocimiento del enoturismo como segmento turístico diferenciado. Esto implica abandonar enfoques genéricos y apostar por estrategias específicas de promoción, planificación y calidad. El objetivo es claro: evitar la banalización de la experiencia y situar al territorio —y no al producto aislado— como auténtico protagonista.
En este camino, la reciente aprobación del Certificado Profesional en Enoturismo marca un antes y un después. Por primera vez, existe un marco reglado que define competencias claras en gestión, sostenibilidad, accesibilidad, atención al visitante y comunicación. La Cátedra responde a este desafío con la implantación de microcredenciales, un sistema flexible que permitirá a los profesionales actualizar y acreditar conocimientos de forma continua.
Igualdad, relevo generacional y cohesión social
El enoturismo también se plantea como una herramienta de transformación social. La visibilización del papel de la mujer en el sector primario, el apoyo al emprendimiento rural y la creación de oportunidades para jóvenes son elementos fundamentales para garantizar el relevo generacional y la sostenibilidad a largo plazo del medio rural canario.
Sin personas formadas, motivadas y reconocidas, no hay paisaje que se conserve ni territorio que proyecte futuro.
Canarias en el contexto internacional
La proyección exterior del modelo canario es otro de sus puntos fuertes. La cooperación con archipiélagos como Azores y Madeira, así como el intercambio de conocimiento con América Latina, especialmente Brasil, permite construir una visión atlántica del enoturismo, basada en la fragilidad del territorio, la identidad local y la innovación compartida
Un futuro que se cultiva hoy
El agro-enoturismo ofrece una oportunidad real para conservar el paisaje, generar rentabilidad y atraer talento al sector primario. Si el campo se percibe como un espacio de futuro y no como un vestigio del pasado, Canarias podrá avanzar hacia un modelo turístico más equilibrado, auténtico y sostenible.
El reto está servido: convertir el vino, el conocimiento y el territorio en una experiencia con identidad propia. Y hacerlo, además, desde Canarias hacia el mundo.













