Un brick de vino protagoniza el estreno más económico de la temporada. Hay suspense, un interrogatorio del sumiller y una escena de apertura que deja al sacacorchos sin trabajo.
Se abre el telón y aparece un brick de vino.
¿Cómo se titula la película?
«Es tinto básico».
Con este argumento, que cabe entero en una etiqueta, nuestra sección Risas con cuerpo se adentra en el mundo del cine. Un mundo donde hay películas con mucho presupuesto y poco contenido, mientras que nuestro protagonista declara, sin rodeos, un litro.
Un sospechoso demasiado cuadrado
La historia comienza cuando un sumiller encuentra al brick en la cocina, junto a una cebolla y un paquete de arroz. Su presencia despierta sospechas: no tiene corcho, no lleva cápsula y nadie parece dispuesto a explicar en qué ladera crecieron sus uvas.
El interrogatorio resulta inevitable:
—¿Dónde estaba usted durante la vendimia?
—Dentro de mis posibilidades.
—¿Tiene algo que declarar?
—Un litro.
—¿Y su crianza?
—Me crié entre las conservas y las legumbres.
El sumiller toma notas. Nunca se había enfrentado a un sospechoso tan cuadrado y con tan pocas ganas de hablar de su pasado.
La escena que deja al sacacorchos en paro
El momento de máxima tensión llega cuando el protagonista anuncia que va a abrirse.
El camarero busca el sacacorchos. El jefe de sala trae otro, por precaución. Un comensal ofrece una navaja multiusos que lleva desde una excursión de 1998.
Entonces el brick gira su tapón.
Silencio.
El sacacorchos comprende que su participación en la película ha terminado antes de empezar. Había ensayado durante semanas.
Un crítico abandona la sala asegurando que el desenlace era previsible. Otro aplaude la extraordinaria economía de medios. El camarero agradece que, por una vez, nadie tenga que discutir si el corcho estaba seco.
«Yo venía para acompañar unas lentejas»
La cata tampoco transcurre sin incidentes. Uno de los asistentes empieza a buscar aromas de sotobosque, cuero fino y fruta negra, con un recuerdo lejano de la biblioteca de su abuelo.
El brick escucha, inquieto.
—Yo venía para acompañar unas lentejas —confiesa—. Nadie me avisó de que había examen.
La frase merece una reflexión entre carcajadas. A veces rodeamos el vino de tantas palabras solemnes que olvidamos la comida, la conversación y el placer de compartir la mesa. El vocabulario de cata puede ayudarnos a describir lo que sentimos; el problema aparece cuando necesitamos un diccionario para pedir otra copa.
Además, el envase no cuenta por sí solo toda la historia de un vino. También hay botellas muy elegantes cuyo mejor papel consiste en decorar una estantería.
La secuela ya está en marcha
Tras el éxito del estreno, la productora anuncia «El silencio de los tintos», una película rodada durante una cata a ciegas.
La escena principal comienza cuando un experto sentencia:
—Este vino seguro que es carísimo.
Y termina cuando le enseñan el ticket.
Mientras tanto, el protagonista de «Es tinto básico» saluda desde el escenario. No aspira a ganar un premio a la mejor crianza, pero confía en llevarse el de actor revelación. Al fin y al cabo, ha conseguido algo difícil: tener un papel de cartón y sostener toda la función.
Y recuerden: si se abre el telón y aparecen dos bricks, no es una secuela. Es un pack.















