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Vino y salud: el sector europeo plantea un debate sobre ciencia, consumo y estilo de vida

La relación entre vino y salud centró el encuentro celebrado el pasado 29 de septiembre de 2026 en el Parlamento Europeo, en Bruselas, con la participación de científicos, responsables políticos y representantes del sector vitivinícola.

Bajo el título «Debates sobre salud: ¿Puede el vino formar parte de un estilo de vida saludable?», la jornada fue organizada por el Comité Europeo de Empresas Vitivinícolas (CEEV), asociación a la que pertenece la Federación Española del Vino, junto al eurodiputado italiano Dario Nardella, del grupo de los Socialistas y Demócratas.

Según la nota de prensa del CEEV, los participantes defendieron que las políticas de salud pública consideren la alimentación, la actividad física, las relaciones sociales y los patrones de consumo al abordar los riesgos asociados al alcohol. El encuentro expuso las posiciones de sus ponentes y organizadores, sin constituir una resolución del Parlamento Europeo.

Prevención sanitaria y cultura del vino

Durante la clausura, Dario Nardella defendió la necesidad de combinar la protección de la salud pública con políticas sustentadas en la evidencia científica y sensibles a la realidad agrícola y cultural de los territorios europeos.

El eurodiputado destacó el vínculo del vino con la economía rural y el patrimonio de Europa, y planteó que las estrategias de prevención deben tener en cuenta la complejidad de las dietas y los comportamientos individuales.

Por su parte, la presidenta del CEEV, Marzia Varvaglione, expresó el apoyo de la organización a la moderación, la educación y las decisiones informadas. También defendió que las políticas europeas diferencien los patrones de consumo perjudiciales del consumo moderado dentro de un estilo de vida equilibrado. Esta propuesta refleja la posición de la asociación empresarial organizadora.

Las zonas de longevidad, presentes en el debate

La mesa redonda contó con el doctor Gianni Pes, investigador de la Universidad de Sassari y uno de los impulsores de los estudios sobre las denominadas Blue Zones, y con el profesor Attilio Giacosa, gastroenterólogo y presidente del Instituto para la Investigación sobre Vino, Alimentación y Salud de Italia.

Pes explicó que la longevidad observada en lugares como Cerdeña responde a una combinación de factores: actividad física cotidiana, alimentación tradicional, vínculos familiares y comunitarios e interacción social.

Dentro de ese contexto, señaló que el vino ha formado parte de las costumbres locales, generalmente durante las comidas y con moderación. Su intervención no lo presentó como una causa demostrada de longevidad, sino como uno de los elementos de un modelo de vida más amplio.

Durante la jornada también se abordaron las experiencias de Ikaria y Nicoya, con atención a la influencia conjunta de la alimentación, el entorno y las relaciones sociales.

Los patrones de consumo y la información pública

Giacosa defendió que el análisis científico considere la cantidad consumida, la frecuencia, la ingesta durante las comidas y el conjunto de hábitos de cada persona. Asimismo, reconoció los perjuicios del consumo abusivo y la existencia de personas y circunstancias en las que no debe consumirse alcohol.

El secretario general del CEEV, Ignacio Sánchez Recarte, cerró el encuentro con una llamada al diálogo entre investigadores, responsables políticos y actores sociales mientras Europa desarrolla sus estrategias de prevención del cáncer, las enfermedades cardiovasculares y otras enfermedades no transmisibles.

El contexto sanitario: moderación no significa ausencia de riesgo

Para interpretar este debate es necesario incorporar la posición de las autoridades sanitarias. La Organización Mundial de la Salud señala que no existe un nivel de consumo de alcohol exento de riesgo de cáncer y que incluso cantidades pequeñas pueden aumentar ese riesgo. Esta consideración afecta también al vino, ya que el riesgo está relacionado con el alcohol que contiene.

Por tanto, la presencia del vino en una tradición gastronómica o en comunidades longevas no permite concluir que beberlo mejore la salud. La OMS también advierte de que no se ha demostrado que los posibles beneficios cardiovasculares del consumo ligero o moderado compensen el riesgo de cáncer para cada consumidor.

El encuentro de Bruselas muestra cómo el sector vitivinícola busca participar en la discusión sobre las futuras políticas europeas. Para la comunicación del vino, el reto consiste en explicar su valor agrícola, gastronómico y cultural con rigor, diferenciándolo de las afirmaciones sobre sus efectos en la salud.

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